Mucho es lo que dice la carta astral -para aquellos que creen en ella- al respecto de cualquier persona. No solamente les asigna su signo zodiacal (cosa que hoy en día la gran mayoría de las personas del mundo sabe), sino que también habla de los distintos momentos que dicho individuo tendrá que atravesar a lo largo de su vida. No nos referimos, obviamente, al detalle de los acontecimientos en sí; hablamos de las generalidades de su vida. Por ejemplo. La carta astral nunca dirá: “tal día de diciembre de tal año habrás de casarte”. Pero sí podrá informarnos al respecto de qué se puede esperar de tal o cual año; sucesos importantes o no tanto, momentos adecuados para tomar decisiones mayores. Los que creen en la astrología son de pensar que es muy importante contar, siempre, con la información de las influencias que los astros están teniendo sobre ellas. Es una especie de guía que permite saber como irán las cosas. La esencia de la astrología está, en realidad, esencialmente, en la profunda creencia de que las disposiciones de los astros tienen un efecto práctico y definitivo sobre el alma de las personas de la tierra. Así, se reivindica una coherencia entre el orden celestial y el orden terrenal; lo que pasa en el cielo repercute en todas las personas. Muchísima es la importancia, en astrología naturalmente, de hacerse una carta astral. Sin ella no es posible seguir avanzando en el conocimiento de cómo será que los astros influencien la vida de la personas, al igual que sin ella la astrología no puede, en realidad, decirnos mucho. Cierto es que uno puede comprar el diario del domingo y ver allí algún breve comentario de qué es lo que, supuestamente, le espera para el resto de la semana, pero eso, en el fondo -lo que diremos no debería sorprender a nadie-, no es más que una especie de truco propagandístico; un movimiento a ciegas. Cierto es que según la disposición que los distintos astros tengan en el firmamento los de, por ejemplo, Sagitario pueden esperar una cosa y los de, digamos, Géminis otra. Pero para poder completar efectivamente las predicciones, se necesita, sí o sí, de una carta astral bien hecha. De otra forma cualquier intento de análisis astrológico nunca pasará de ser un “groso modo”. Para poder realizar una buena carta astral lo mejor será, siempre, apelar a un profesional en el área. Hay que tener mucho cuidado; en estos campos, más que ningún otro quizá, existen muchos estafadores. Sea como sea, si uno apela a una verdadera autoridad en el tema, el contratado tendrá que hacer nuestra carta astral vía algún programa de computadora. Existen todavía algunos eruditos de la astrología que sí, efectivamente, saben realizar cartas astrales sin la utilización de maquinas sofisticadas (apelando a libros), pero son realmente muy pocos y, salvo que se esté ciento por ciento seguro, por lo general no es conveniente darles nuestra confianza. Los programas de astrología son una herramienta novedosa en el antiguo estudio que este apasionante tipo de conocimiento siempre ha implicado. Son capaces de generar cartas astrales en una muy breve cantidad de tiempo y también de considerar, por el calculo a futuro, cuáles serán las épocas de nuestra vida que se muestren más y, también, menos favorables. De todos modos es importante entender que este tipo de software nunca podrá reemplazar al profesional astrólogo, que en definitiva será el que deba interpretar, de forma justa y medida, la información que la computadora brinde. La astrología es, en gran medida, un conocimiento de tipo interpretativo; no existen en ella formulas lineales que digan en todo momento qué es lo que la persona puede esperar de la vida y el cosmos. Por mucha información que pueda brindarnos la tecnología, ningún uso sacaremos de ella si no somos capaces de interpretarla de manera justa. Por muy controversial que pueda ser la astrología para el científico mundo moderno, nadie podrá negar -por mucho que le pese- que aquella constituye una de las formas de conocimiento más antiguas de la humanidad. La observación del cielo y la intención de interpretar en los astros alguna información que le permita a la humanidad encontrar respuestas a sus más pretéritas preguntas (todas de carácter metafísico) es una de las actividades de indagación más antiguas que se conoce. Desde los griegos hasta los tibetanos, desde los mayas hasta los egipcios. El cielo brilla por sobre la tierra disponiendo formas y brillos distintos. ¿Por qué no considerar, después de todo, que efectivamente hay algo que aprender de ellos? Más allá de los rígidos bordes de la ciencia (que, es muy cierto, necesitan ser rígidos); hablamos de una simbología, no de un fenómeno mensurable.
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