Hechizos de amor
Cuando nos referimos a hechizos de amor, estamos hablando del tipo de encantamiento que se realiza con el objetivo de asegurar que una persona se enamore efectivamente de otra. Se trata de una práctica realmente milenaria; ya en civilizaciones muy pretéritas los enamorados acudían a magos o brujas para que estos, mediante sus poderes de conexión con los espíritus supraterrenales, les aseguraran el amor y la dicha. En el presente artículo volcaremos algo (lo esencial) del contenido de esa tradición; así, el lector podrá aprender a ejecutar el hechizo de amor de forma precisa y clara.
Luego, que el hechizo funcione o no, es cosa que trasciende su mera ejecución; a saber: este tipo de encantamiento solo tiene efecto concreto si la persona que lo ejecuta está verdaderamente dotada para la magia. No cualquiera puede hacer hechizos de amor; se necesita cierto “don” que permita conectar la propia conciencia con energías esenciales que no son propias del ámbito coloquial. Por mucho que la cultura hegemónica de hoy en día lo ponga en duda, existe cierta gente (realmente muy poca) que nace con la capacidad de hacer verdadera magia.
Con esta aclaración no queremos intimidar al lector, ¡todo lo contrario! Ya que quien lee esto se dispone a practicar lo que aquí se enseñe, lo alentamos a que, en el momento de la ejecución, trate de creer, realmente, que él (o ella) es una de esas personas capaces de hacer magia. El verdadero poder está en la fe; se trata de creer en que la propia energía puede conectarse con otras y, a partir de dicha conexión, influir sobre ellas de modo premeditado. Sin fe no hay sentido en absolutamente nada de todo cuanto aquí expondremos. Creer en la magia guarda algunas reminiscencias (no nos detendremos a discutir cuántas) con la creencia en Dios; ¿Qué sentido tendría rezar, por ejemplo, si uno no creyera en el Dios al que le reza? Aquí es igual.
Habiendo aclarado todo lo que se necesita, nos disponemos a presentar un hechizo de amor verdaderamente milenario. Pero eso sí, una última cosa: Siendo que estos hechizos son el paradigma de la magia blanca, no será mala idea que el lector, antes de continuar, lea el artículo titulado “Hechizos de magia blanca”, donde de manera más general se exponen algunos principios fundamentales de este tipo de poder.
Requisitos:
-Es necesario que la ejecución de este tipo de hechizo se produzca de noche. Esta necesidad no es un capricho meramente místico; de noche la conciencia humana es capaz de conectarse con la existencia de modo distinto. ¿Por qué será que los niños temen a la oscuridad de la noche? Porque a la noche emergen energías que, en nosotros mismos, cuando brilla el sol, permanecen dormidas. Lo decimos de vuelta: no hay que intentar este hechizo de día.
-La ejecución de este encantamiento habrá de acontecer en un lugar donde, a la vez que haya pasto o tierra (no puede ser sobre materiales de construcción de ningún tipo), se pueda ver claramente el cielo. En la medida de las posibilidades, se recomienda que la ejecución sea en alguna localidad rural, alejada de las grandes ciudades modernas. Las energías que conviven en las ciudades dificultan la conexión de las personas, con ellas mismas y con todo cuanto los rodea. Nunca será beneficioso que, mientras el practicante ejecute cualquiera de los cientos de hechizos de amor que existen, sea distraído por la bocina de un camión.
-Este hechizo requiere, asimismo, que durante se ejecución el practicante puede ver la luna. No se trata, tampoco, de un capricho. Todos sabemos, perfectamente, que la energía que irradia la luna está claramente relacionada con el enamoramiento. Por mucho que la sociedad moderna no crea en la magia, este es un vestigio que difícilmente se podrá eliminar.
-Por último, a nivel material, el hechizo requiere de una vela (no demasiado grande) y de algún objeto que haga referencia a la persona que se quiere enamorar (puede ser una foto).
Ejecución:
-El practicante debe tomar la vela y el objeto (la foto), y dirigirse al lugar donde pretende ejecutar el hechizo. Tomando en cuenta todo lo que explicamos antes (estar sobre la tierra, en silencio absoluto y con una clara visión de la luna) procederá a arrodillarse y, una vez en esa posición, clavará la vela en la tierra (en un lugar donde no haya demasiado viento).
-Lo primero, a nivel del hechizo en sí, es contemplar y compenetrarse con el brillo de la luna. No en vano los poetas, músicos y pintores le han dedicado muchas de sus obras a la contemplación de aquel astro. La luna posee una energía capaz de motivar a cualquier alma sensible.
-Una vez que la energía lunar bulle en la conciencia del practicante, este procede a encender la vela. Mientras sostiene el objeto (la foto) en las manos, pasa a compenetrarse con el brillo de la llama de la vela. En esa llama ha de estar, asimismo, la conciencia y el deseo de amor del practicante. Hay que unir el propio ser al ser de esa pequeña llama.
-El hechizo llega a su fin cuando la llama de la vela se encuentra con la tierra y, entonces, se apaga
La esencia de este poderoso hechizo (que en tiempos remotos se practicaba de muy diversas maneras rituales) es unir el fuego y la tierra. La luna funciona como la energía de inspiración.
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