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Hechizo para atraer la felicidad a nuestras vidas

 

En el desarrollo del presente artículo trataremos de introducir al lector en el tema, siempre importante y complejo, de los hechizos para atraer la felicidad.

Como es de suponer -tal cual lo indica el más mínimo sentido común- no existe un hechizo cuya ejecución garantice, ciento por ciento, un estado de realización definitiva. Si ser feliz dependiera exclusivamente de un hechizo (y, más precisamente, de un hechizo que puede resumirse en pocas páginas) lo cierto es que todo el mundo aprendería a invocar ese poder. Pero entonces; ¿qué es lo que proponemos aquí, ya que reconocemos abiertamente que la definitiva felicidad no puede alcanzarse mediante un sencillo hechizo? Proponemos explicar ciertos procedimientos mágicos que permitan al practicante asegurarse ciertas circunstancias que, conjugadas de forma apropiada, si bien no asegurarán una felicidad eterna, harán mucho más sencillo encontrar un estado de bienestar duradero. Veamos.

Lo primero, para seguir en la dirección que tomamos en otros artículos anteriores, referidos a hechizos de distinta índole, será tratar de explicar qué es lo que la magia entiende por la expresión felicidad.

Como habrá notado cualquier lector que haya leído atentamente nuestros artículos previos, la magia blanca se basa en la combinación de los cuatro elementos (agua, fuego, tierra y aire) para hacer efectivo cualquier poder. Esa reiterada particularidad (que es en realidad la verdadera esencia de todo) se fundamenta en el hecho de que todo cuanto existe está supeditado al correcto equilibrio de esas cuatros esencias primigenias. Ahora bien, acaso parezca que nos alejamos de la respuesta que estamos buscando, pero sin embrago no es así; preguntemos de nuevo: “¿qué es la felicidad para la magia?” Pues bien, la respuesta es muy sencilla: según el entendimiento mágico la verdadera felicidad es “perfecto equilibrio”. Con la expresión “perfecto equilibrio” nos referimos a la perfecta combinación -en el sentido de fusión- de las cuatro esencias que componen la existencia humana. El fuego representa, entre otras muchas cosas, el movimiento y el cambio; el agua hace alusión a las fuerzas inconscientes; el aire está en estrecha relación con el espíritu y la tierra es la esencia de la conciencia. Cuando todo esto se fusiona para dar lugar a un único individuo, y dicha fusión es complementaria ciento por ciento, o sea: cada una de las esencias está en correcta relación con las demás, entonces el individuo está efectivamente conectado con las cosas y, por lo tanto, es feliz. Se trata entonces (decirlo así es muy sencillo) de ser capaz de equilibrar las partes y transformarlas en una unidad. La intención es relacionarse bien; primero con uno mismo y, solo a partir de ello, con el prójimo.felicidad

Y como puede deducirse de todo lo que explicamos recién, los hechizos para le felicidad han de estar centrados en la correcta interrelación de los cuatro elementos esenciales. A través de las practicas de reunir -de determinada manera- esos elementos, el practicante del hechizo aprende a armonizar su propio ser. Trabajar con los elementos es, por mucho que parezca controversial, trabajar con la propia alma: he ahí toda la verdadera magia. Veamos uno de varios posibles ejemplos.

Requisitos:

Se necesita la posibilidad de hacer fuego (puede ser una hornalla), un poco de tierra y un recipiente donde se pueda verter algo de agua.
hombre feliz

Procedimiento:

-Lo que hay que hacer es, primero, por un lado, mezclar el agua con la tierra. Debe de ser poca tierra y mucho agua; las partículas deben quedar flotando y -de ninguna manera- debe hacerse barro. Luego, por otro lado, bastará con encender la hornalla.

-Una vez que lo anterior está listo, se procede a apagar la luz eléctrica de modo que la única iluminación del recinto sea el brillo de las llamas.

-Se coloca el recipiente con agua sobre la hornalla y, simplemente, se espera que dicha agua entre en estado de ebullición.

-Colocamos nuestras manos por encima del agua hirviendo (sin nunca apagar el fuego) a una altura que nos permita sentir un gran calor pero sin llegar a quemarnos. Luego pronunciamos el siguiente conjuro de forma clara y atenta: “Cada elemento es parte de mi ser, como así mí ser es interrelación de elementos; fusión de esencias es mi alma, el ser es coexistencia y yo coexisto siendo”.

Explicación:

Aunque el sentido común nos diga que ese vapor sobre el que nosotros posamos las manos no es más que agua, lo cierto -desde una perspectiva mágica- es que en él están encerradas las propiedades esenciales de los cuatro elementos. Al agua estaba enriquecida con la tierra, y todo fuego necesita de aire para poder arder, luego, cuando se puso el recipiente sobre el fuego, el calor de aquél pasó al agua y la tierra. Por lo que hace al conjuro (y sobretodo a la última parte) lo cierto es que este no es el lugar para explicarlo; mil verdades secretas coexisten en esas sabias palabras, y un artículo como este no es -ni remotamente- el lugar apropiado para expresarse.

 
 
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