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La historia de los magos

¿Qué entendemos por mago? ¿Entendemos que es aquella persona que practica la magia en tanto forma de entretenimiento, o nos referimos a aquel quien practica la magia en formas concretas de poder sobre la existencia? Para no defraudar a los lectores en ninguna de las dos posibles respuestas, hemos decidido abordar el presente artículo tratando de dedicarnos, de manara sencilla y clara, a ambos de estos dos aspectos posibles.

Si nos atenemos a la definición moderna de la palabra mago, estaremos hablando, entonces, de una persona que aprende a aplicar ciertas técnicas de manipulación y ciertos instrumentos determinados a la mera idea de entretener a un público ávido de sorprenderse. Desde esta perspectiva, el mago es -ni más ni menos- que un entretenedor.

En los tiempos presentes ya nadie apela a los conocimientos mágicos para tratar de dar respuestas a las preguntas que la existencia implica. Ese lugar de honor ha quedado, desde épocas del siglo XVIII (el denominado “siglo de las luces” en oposición a la supuesta oscuridad de los tiempos medievales), en manos de la ciencia. Cada persona podrá tener su propia opinión al respecto del importantísimo cambio que esto implicó en la forma de explicarse las cosas; la gran mayoría de las personas está de acuerdo, hoy en día, en que la ciencia vino a prevalecer para bien, aunque existen otros (no tan pocos como se cree) que prefieren considerarlo como una especie de “error”. Sea como fuere: para curar se apela a médicos recibidos en facultades acreditadas, no ya a curanderos alumnos de otros curanderos; para conocer las particularidades que rodean al mundo material se busca el asesoramiento de físicos y químicos, no de alquimistas y hechiceros. El mundo contemporáneo ha reducido a los magos, entonces, a la mera posición de divertir a la gente.
mago famoso

Y los propios ilusionistas contemporáneos lo reconocen, ellos mismos, en el fondo, así. Cierto es que, por ejemplo, David Copperfield quisiera hacer “creer” a la gente que él es un verdadero mago; poseedor de poderes sobrenaturales que le permiten jugar con las reglas mejor preestablecidas por cada una de las ciencias (hacer desaparecer la Estatua de la libertad en el medio de New York). Pero todo aquello nunca pasa de ser, muy respetablemente, una actitud comercial; nadie quiere creer que David Copperfield haya hecho desaparecer, en su momento, efectivamente, la Estatua de la libertad. Se dice que, en realidad, no es más que un “muy buen truco”.

De esta manera, si comparamos el lugar social que los magos del presente vienen a ocupar con aquél que -no tantos siglos atrás- ocupaban los magos del pasado, la respuesta será que dicho lugar es muy poca cosa. De hecho, la “magia” del presente está constituida, según lo reconocen abiertamente todos los ilusionistas, por “trucos” antes que por “poderes”.
hechicero

De forma distinta, los magos de los tiempos antiguos eran verdaderos ministros del estado. La magia estaba, en gran medida, fuertemente conectada con la religión de cada pueblo y se creía que ellos (que, muchas veces, eran a la vez sacerdotes) eran capaces de conectar a las dioses (o a Dios) con la naturaleza. Dicho de forma un tanto más filosófica; se creía que el ser, representado por la divinidad trascendente, venía a quedar vinculado a la existencia a través de la capacidades de los magos. Así ellos mismos, en tanto “portadores” de la esencia divina, eran a la vez poseedores de grandes poderes. Como en realidad la creadora de la existencia era la divinidad, ellos tenían, también, la prerrogativa de crear, modificar y destruir a gusto.


Así, las antiguas creencias en la magia conllevaban, casi todas las veces, un montón de sofisticados rituales. Eran, precisamente, los magos y sacerdotes aquellos que oficiaban y presidían los distintos rituales, y se creía que sin los mismos (sin el ritual y sin el mago que lo dirija) la existencia no podía seguir conectada con el ser. O sea: Dios (o los dioses) se enojaría y todo lo que conocemos en la tierra se vería absolutamente terminado.

Posteriormente (devenida ya, en épocas medievales, la fuerte expansión europea del cristianismo), los magos dejaron de considerarse como los representantes de Dios en la tierra  para pasar a ser concebidos, opuestamente, como los representantes del diablo. Seguía pensándose entonces, en el fondo, que el mago era el poseedor de grandes capacidades y poderes, salvo que allí, en cambio de representar a la divinidad en tanto “lo bueno” representaba la divinidad en relación a “lo malo”. Miles (o acaso millones) de personas fueron acusadas de ser hechiceros o brujas (la idea de bruja era, todavía, más repugnante que la de hechicero porque la iglesia siempre tuvo una actitud particularmente represiva para con la mujer) y, entonces, sistemáticamente eliminados en la hoguera.
un mago famoso

Así, entonces, los magos supieron ocupar, en distintos lugares y épocas, diversos espacios y responsabilidades. Mucho es lo que aún se podría decir al respecto de esto; este artículo solo ha pretendido ser una breve introducción al tema.

Queda, por último, hacer una interesante pregunta: ¿Qué papel irán a ocupar los magos en el futuro? ¿Seguirán siendo los entretenedores que hoy en día conocemos, o volverán  a ser considerados como los responsables de explicar y asegurar la existencia en la tierra? Cierto es que es mucha más la gente que se inclina a favor de la primera de las dos posibles opciones, pero existe alguna otra que, de modo distinto, llega a pensar en la posibilidad de la segunda. Cada quien podrá tener, obviamente, fundamentos muy distintos para  justificar su opinión.

 
 
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