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Biografía de Fú-Manchú

Ahora que nos disponemos a adentrarnos someramente en la importante vida del mago Fú-Manchú, será importante saber, antes que nada, que no hablaremos ya de magos a nosotros contemporáneos (como Copperfield o Tamariz).

El mago que ahora nos disponemos a comentar fue, en realidad, contemporáneo de Houdini, y constituye, junto con aquél, uno de los hitos más importantes de la historia de la magia en tanto entretenimiento.

Fú-Manchú no era el verdadero nombre de nuestro gran ilusionista (nadie debía esperar otra cosa). Se llamaba David Bamberg. Nacido el 19 de febrero de 1904 en Inglaterra, fue el séptimo heredero de una familia cuya ocupación tradicional había sido, desde tan temprano como 1760, la magia. Tanto su padre como su abuelo; todos los antepasados Bamberg en que el pequeño David pudiera pensar habían sido ni más ni menos que grandes magos.

Sus primeros pasos en el mundo de la magia contaron con la obvia atención de su padre. En su casa natal (en la ciudad de Derby) todo estaba permanentemente vinculado al mundo de la  magia. No fue difícil para el más joven de los Bamberg empaparse con trucos e ilusiones bastante sofisticadas. Desde temprana edad mostró aptitudes que estaban mucho más allá de lo normal, y llegando a los diez años ya era capaz de realizar unos cuantos números sorprendentes.

foto fu-manchuFue en el encantador mundo de las “sombras chinescas” donde, sin ningún tipo de dudas, más se destacó en su juventud. Era capaz de realizar las representaciones más increíbles y bajo el nombre de Syko comenzó una importante gira que lo llevaría de viaje por una innumerable cantidad de países del mundo.

Aunque supo colaborar activamente con muchos de los que por aquellos días eran los mejores magos del mundo (como ser, por ejemplo, Gran Raymond), no fue hasta su definitivo arribo al puerto de Buenos Aires cuando la fama y la gloría le empezaron a sonreír. Haciendo de aquella importante metrópolis su lugar de residencia, se encontró con una sociedad rica y excéntrica; ávida de deleitarse con los mimos placeres que tanto entretenían a europeos y norteamericanos. Allí, recorrió una innumerable cantidad de salas y teatros; todas sus funciones solían transformarse en imperdibles éxitos, las localidades se vendían como pan caliente. Era definitivo: el glorioso Fú-Manchú estaba triunfando como uno de los magos más aclamados de América del sur. Pronto la inmensa y rica Buenos Aires no fue lo suficientemente grande como para seguir contendiendo su ascenso. Viajó a países limítrofes y transformó sus números en uno de los espectáculos más vistos de la parte austral del nuevo continente.

Pero en todo momento se mostraba sediento de llevar sus espectáculos de nuevo al viejo mundo. Así fue como, después de tomarse algún tiempo para ajustar las particularidades de sus actos, decidió viajar a España. Todo salió como se esperaba: la península Ibérica lo trato prácticamente tan bien como el Río de la plata. Luego fue México; allí también supo sonreírle la fortuna, y se transformó en uno de los entretenedores más celebres de aquella región

cartel showSus espectáculos se caracterizaban por tener mucho humor y una fuerte puesta en escena. Las más de las veces se hacia rodear de varios asistentes. Un decorado muy pomposo sabía hacerle de fondo. Una de sus mayores virtudes como mago fue -no cabe ninguna duda- su capacidad de presentar espectáculos en los que él lucia particularmente natural. En ningún momento parecía tener que esforzarse para presentar sus ilusiones; andaba por las tablas como si se tratara de cosa de todos los días, como si sus poderes fueran tan grandes que siempre encontraban una oportunidad de expresarse. La gente reía y se maravillaba a lo grande; no cabe dudas de que se trata de uno de los magos más importantes que diera el siglo XX.

personaje peliculaEl cine los contó también entre sus filas. Fue en México; allí supo realizar algunas importantes películas, muchas de las cuales fueron un éxito rotundo que lo catapultó a una fama y celebridad todavía mayor. Para esas alturas (años 40) el nombre Fú-Manchú ya se había transformado en sinónimo de magia y diversión en casi todos los rincones del mundo hispano-parlante.

Fú dedicó los últimos años de su vida a la actividad de difusión de la magia. Daba conferencia y presidía varias instituciones especialmente dedicadas a dicha actividad. Lentamente fue menguando su actividad en el teatro hasta que en los años 60 se retiró definitivamente.

Murió el 19 de agosto de 1974. Al hablar de él nos referimos, nadie podrá negarlo, a uno de los magos más exitosos e influyentes de la historia de la primera magia del siglo XX. Era el paradigma del sano entretenimiento mágico; hacer reír y asombrar. Nada más, pero nada menos.

 
 

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