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Introducción a la magia con cartas
Ahora, que con el presente artículo tenemos la intención de introducir al lector en el antiguo y apasionante mundo de la magia con cartas, será importante saber que este tipo de entretenimiento es una de los más destacados de todos aquellos con que la magia cuenta.
Hace ya miles de años que la humanidad apela a la manipulación y los trucos con figuras para divertir y sorprender. Incluso mucho antes de que existieran siquiera lo que hoy se conoce popularmente como “mazo de cartas”; artistas y entretenedores callejeros (que en épocas pasadas no recibían la denominación de magos, ya que aquellos eran, de modo muy distinto, verdaderos ministros del estado) montaban espectáculos donde se manejaban distintos tipos de figuras y símbolos.
Así, al momento de hablar de cartomagia (denominación correcta para todo tipo de magia que haya de ejecutarse con cartas), estaremos tratando uno de los campos más importantes que la magia -en tanto actividad para el entretenimiento- posee. De hecho, ya supimos escribirlo en otro artículo anterior (ver “Libros de magia”), nosotros somos de la opinión de que los trucos con cartas son los primeros que el buen aprendiz de mago debe procurar dominar. ¿Dónde se ha visto un buen mago que no sepa manejar hábilmente la baraja? La tarea, por supuesto, ha de implicar mucho esfuerzo y dedicación, pero a la larga, que no quepa la menor duda, sabrá rendir los mejores frutos.
Las ventajas fundamentales de la cartomagia son, resumidamente, en esencia, las siguientes:
-Pocos son los tipos de magia capaces de asombrar tanto con tan poco. La cartomagia tiene su fuerte en el hecho de que se realiza, simplemente, con cartas y nada más. El mago presenta una ilusión en la que solo se involucran sus capacidades técnicas, la baraja y la atención del espectador. Solo la magia con monedas es, en realidad, capaz de competir, en este sentido, con la cartomagia (ver artículo “Magia con monedas”); pero las cartas guardarán, siempre, incluso por sobre las monedas, el inapreciable valor agregado de ser verdaderos símbolos, capaces de trabajar a nivel inconscientes
-La posibilidad de realizar los trucos en cualquier parte que se desee. Esta característica se desprende, obviamente, de la primera. En un bar o en la casa de un amigo, en la plaza o, quizás, en el colectivo. Tratemos de imaginar algún mago de escenario montando un espectáculo en algún lugar de, por ejemplo, la vía pública: imposible.
-La economía y la posibilidad de aplicar los conocimientos a nivel laboral. Los costos de la cartomagia son, si es que han de considerarse como tales, solamente aquellos propios de los mazos con que se quiera trabajar. Por otro lado, y en oposición a lo que mucha gente cree, son los magos capaces de trabajar apropiadamente con cartas aquellos que mejor cabida encuentran en el mercado laboral; en bares, restaurantes o pequeñas reuniones. Mientras montar un gran espectáculo de magia ha de costra mucho dinero en inversión, en la cartomagia solo se está pagando la habilidad del mago.
Ahora bien; introducido brevemente el lector al tema hagamos la siguiente pregunta: ¿cuál es el secreto para llegar a transformarse en un verdadero profesional de la magia con cartas? La respuesta, como de seguro ustedes imaginarán, es sencilla a la vez que compleja: con muchísima práctica y dedicación cotidianas.
La buena magia con cartas implica, si se quiere dominar del todo, una actividad donde el fuerte está en la aptitud técnica. Cierto es que será muy importante aprender a “ambientar” apropiadamente cada truco (ver artículo “Trucos de magia”), pero en el fondo, si no se domina perfectamente la técnica propia de cada ilusión, el truco estará condenado irremediablemente al fracaso. O sea: jamás han de verse los cabos sueltos, nunca el “as bajo la manga”; la magia en tanto entretenimiento ha de imitar, en el fondo, a la magia como poder concreto sobre las leyes de la naturaleza. El espectador debe llegar a considerar, en su inconsciente, que el mago es un ser poderoso y misterioso, capaz de contradecir, mágicamente, las leyes mejor preestablecidas del sentido común. Solo la repetición constante -y casi obsesiva- permite alcanzar una técnica impecable; cada movimiento del truco ha de parecer cien por ciento natural; nada deber parecer, en él, forzado.
Al momento de tener que elegir entre la cartomagia con mazos comunes o, distintamente, con mazos “trucados”, nosotros somos de la siguiente opinión: Primero deberán aprenderse ilusiones con mazos comunes. La razón de esta afirmación estriba en el hecho de que, a diferencia de lo que se suele creer, la magia con mazos trucados requiere (si son trucos serios y de buena calidad) un mayor dominio de técnica y presentación. Existen miles de trucos con mazos comunes que permitirán al aprendiz llegar a dominar apropiadamente la manipulación de la baraja; luego, una vez que dicha manipulación sea efectiva y concreta, se podrá aspirar al correcto dominio de mazos especiales. Por ejemplo; el mazo especial de las cartas en blanco (truco en que el espectador llega a presenciar, de golpe, como la baraja con la que ha estado jugando todo el tiempo, viendo en ella las comunes figuras y números, no es más que un montón de cartones en blanco). ¿Cómo podrá el aprendiz llegar a dominar correctamente la complicada técnica que dicho mazo implica, si antes no ha sabido ser capaz de concretar el absoluto dominio de los empalmes? Muchos son los estudiantes que empiezan las cosas al revés; creen que es más fácil aprender a manejar mazos trucados; error: ni es más fácil ni es, siquiera, más instructivo. Por otro lado -y esto es importantísimo- la magia con cartas comunes y corrientes brinda siempre la posibilidad de que el espectador entre en contacto con las mismas, cosa que los mazos especiales nunca pueden llegar a permitir.
De modo que ha llegado, entonces, el momento de dejar de hablar y comenzar a practicar. Habrá que dirigirse a la tienda más cercana y comprar un buen libro de cartomagia. Luego solo se necesitará lo más importante; mucha práctica dedicada y otro buen tanto de paciencia. |
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