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Un comodín inteligente

Se trata de un juego muy sencillo que, si se ejecuta de forma apropiada y bien presentada, conllevará muchos aplausos y sorpresas. Para mejorar la exposición explicaremos el efecto y el procedimiento de forma conjunta.

-Debes utilizar una baraja que tenga comodín (que, en la mayoría de las barajas, es la carta número 21). Procedes a entregarle dicho mazo a algún espectador y le pides que la mezcle como prefiera.

-Pide al espectador que te devuelva el mazo. Abre las cartas en abanico. Procede a ubicar y retirar el comodín. A la vez que haces esto debes recordar las cartas segunda, tercera y cuarta del lado que luego, cuando las cartas se vuelvan a reunir en montón, será el lado de abajo.

-Dejas las cartas apoyadas sobre la mesa y le pides al espectador (el mismo u otro) que realice un corte. Tú necesitas que dicho corte sea, más o menos, por la mitad, consiguiendo dos paquetes de cartas similares, por lo que debes inducir al espectador a cortar de esta manera. Dejas los dos paquetes de cartas sobre la mesa. El espectador pondrá las palmas de sus manos sobre cada una de los paquetes y después levantará una de las dos manos. Sea como fuere, sin importar cuál de las dos manos levante, en todos los casos deberás trabajar con aquél de los paquetes que contiene las cartas que tu has memorizado (es aquí donde entre en juego la capacidad de llevar dinámicamente el truco).

-Le pides al espectador que se ponga a contar, una a una, las cartas que componen ese paquete (no importa la excusa que utilices). La idea de dicho procedimiento es la siguiente: lograr que las cartas memorizadas dejen de ser la segunda, la tercera y la cuarta de abajo para pasar a ser la ser la segunda, tercera y cuarta de arriba.

-Solicítale al espectador en cuestión (que a estas alturas ya es un verdadero ayudante), que tome la primera de las cartas del paquete y la coloque en la otra mitad (el otro paquete que resultó después del corte); luego haces lo mismo con la carta de abajo. Terminado todo esto, le pides al espectador que tome las tres cartas que han quedado arriba de todo (que son, obviamente, las que tú has memorizado). Ese espectador ha de quedarse con una de las cartas y entregar las dos restantes a otros dos espectadores. Sin nunca llegar a mirarlas, los espectadores en cuestión proceden a dejar las cartas en sus bolsillos.

-Sin más, anuncias que tu “comodín inteligente” procederá a decirte al oído cuales son las cartas que cada espectador tiene en el bolsillo. Llevándote el comodín a la oreja procedes a revelar cada una de las tres cartas.

La particularidad de este truco se sustenta en el hecho de que tú, como mago, nunca has llegado a manipular la baraja. Es así, entonces, como la gente de la audiencia mejor se sorprende. Y, en líneas generales, para este tipo de trucos donde el mago descubre las cartas “secretas” (que no son trucos de manipulación), conviene que sea el espectador y no el mago quien trabaje con las cartas. Esta particularidad hace al éxito seguro de cualquier truco.

 
 

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