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Los dientes de acero

A continuación presentamos un truco con monedas que ha de ser ejecutado por magos que posean capacidades de manipulación básicas. Si este no es tu caso (si todavía no dominas la manipulación de forma eficiente), te recomendamos que practiques antes de lanzarte a hacer este truco.

En la magia nada puede quedar librado al azar; si el truco sale mal puedes llegar a perder el respeto de la audiencia, y eso -obviamente- es lo último que quieres.

Se trata de un truco que en sí, más que un truco en el sentido técnico de la palabra, es una presentación determinada. Pero, como ya hemos dicho en una infinidad de artículos anteriores; la teatralidad y presentación hacen en gran medida al éxito de una ilusión. Mucha técnica mal presentada no rinde tanto como un poco de técnica bien presentada. Esta última es, precisamente, la esencia de nuestro truco.

Efecto:

-El mago se aproxima a la audiencia y pide que alguien, cualquiera, le preste una moneda de valor determinado (no puede ser cualquier moneda, tiene que ser exactamente la que solicita el mago).

-Recibe la moneda y pregunta a los espectadores: “¿Hay alguien aquí que desee tocar esta moneda, para asegurarse que no hay en ella nada extraño?”. Si nadie contesta se prosigue con el truco, aunque es mucho mejor cuando la gente elige inspeccionar la moneda porque hace a la credibilidad del mago (cosa que, en todo momento, es lo esencial).

-Luego de lo anterior, sea que la audiencia haya inspeccionado la moneda o no, el mago elige la ayuda de un espectador cualquiera y le propone lo siguiente: “Lo reto a que usted tome esta moneda y, sin más, mordiéndola con fuerza extrema, proceda a arrancarle un pedazo”. Lo más probable es que el espectador, si tiene un poco de sentido común, rechace inmediatamente la proposición.

-Entonces, el mago toma la moneda que el otro espectador le ha prestado y, llevándosela a la boca, procede a morderla con firmeza. Lentamente, y con el asombro expresado en sus rostros, la audiencia comienza a notar que el mago está, efectivamente, arrancando un pedazo de moneda. El truco termina con la moneda efectivamente desmembrada.

Procedimiento:

El procedimiento de este truco es obvio para cualquier mago de nivel intermedio. La cuestión es que la moneda que uno se lleva a la boca (y supuestamente destroza) no es, en realidad, la moneda que nos ha dado el espectador. Nosotros ya teníamos preparada una moneda que, correctamente serruchada en alguna de sus partes, estaba presta a dejarse desmembrar. Esa es, obviamente, la moneda que destruimos.

Como pueden apreciar, las artes de manipulación se requieren, en este truco, para poder intercambiar las monedas sin que nadie lo note. Aunque es un procedimiento relativamente sencillo, no es aconsejable confiarse demasiado. Por otro lado, para que la manipulación de las monedas no sea descubierta, es importante que el mago nunca deje escapar la atención del público. Debe ser él quien controla a la audiencia y nunca al revés; puede contar chistes, historias, hacer mímicas… No importa qué haga; la cuestión es que funcione.

 
 

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