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Brujeria
Lo primero, antes de proceder a cualquier tipo de explicación, será exponer con claridad a qué nos referimos cuando hablamos de brujeria. Se trata, nada más y nada menos, que de aquél tipo de magia que se caracteriza por ser solo accesible a las brujas. No existen magos, o sea hombres, que puedan practicar este tipo tan particular de poder.
La herramienta fundamental de que se hace la brujería es, en realidad, la herramienta de conocimiento que caracteriza a la esencia femenina; a saber: la intuición. Mientras los hombres se caracterizan por tener capacidades relacionadas con el pensamiento racional y sistemático, la mujer posee un considerable poder intuitivo. Aunque en la sociedad contemporánea, fuertemente marcada por valores masculinos, la intuición está fuertemente denostada, lo cierto es que es una forma muy poderosa de conexión con la realidad; mediante ella se puede operar sobre ciertas esencias que no son alcanzables mediante la lógica.
A favor de esta capacidad femenina, las brujas están particularmente favorecidas a realizar hechizos en los que se vea involucrada la tierra. Esto que decimos no puede parecer extraño; la tierra es la gran “Eva”, la gran mujer que nos cobija en su vientre. Cierto es que los magos pueden realizar hechizos en los que el elemento esencial “tierra” se vea combinado con, por lo menos, otro elemento (porque los hombres, aunque en menor medida, también poseen una esencia femenina), pero es muy difícil que alguien del sexo masculino llegue a concretar un hechizo en el que solo se hecha mano de la “tierra”.
Así, la brujeria suele estar ligada, en oposición a lo que se piensa, a los hechizos relacionados con, por ejemplo, la salud y el bienestar en el amor, o la fertilidad de la mujer. Estos campos de acción pueden ser abordados tanto desde una concepción “blanca” de la magia, como desde una concepción “negra”. Si la mujer utiliza sus capacidades para hacer magia blanca estará favoreciendo el bienestar del individuo destinatario de sus hechizos, si por el contrario se aplica a la magia negra estará tratando de perjudicar aquellos aspectos que, si quisiera, más favorablemente, podría beneficiar.
El estudio de la brujería guarda ciertas diferencias con aquél propio de los magos (aunque en muchos aspectos se le parece). Mientras el varón está en la necesidad de poder llevar lo que aprende hasta su capacidad racional, la mujer puede dejar que el conocimiento actúe sobre la conciencia de modo no necesariamente lógico. La capacidad de abstraer (razonar) e intuir son esencias complementarias porque son opuestas. Hombres y mujeres estamos hechos de ambas, pero a ellos les más natural lo primero y a ellas mucho más fácil lo segundo.
Entonces, para llevar este decir al terreno práctico, baste con reconocer que la brujería no estará en la necesidad de entender racionalmente las combinaciones de elementos. Aprender magia femenina implica ser capaz de conectarse con los elementos desde una perspectiva fundamentalmente sensorial; quitando -incluso- importancia a los conjuros.
El hecho de que los magos no puedan llegar a convertirse en brujas no quiere decir que no vayan a encontrar utilidad en tratar de aprender aquello caracteriza esa forma distinta de poder. Cuando se hace magia se están invocando, sí o sí, las capacidades masculinas y femeninas; cierto es que en la brujeria prevalecen las femeninas de un modo inalcanzable para los hombres, pero tratar de aprender siempre resultará en una experiencia positiva.
Y lo que acabamos de decir sirve también a las mujeres. Existen ciertos poderes y hechizos fuertemente vinculados con lo masculino, pero eso no quiere decir que una bruja no tenga la posibilidad de aprender de ellos. En la magia, como en la vida, se aprende mucho de lo que es opuesto a nosotros, incluso cuando se trata de diferencias insalvables.
Por lo que hace a las ideas que la gente suele tener al respecto de este tema, lo cierto es que se carga con el peso de una historia religiosa que ha maltratado terriblemente esta forma de poder. Habrá que olvidarse de esa idea que concibe unas brujas revolviendo su cacerola con pócimas que transforman princesas en ranas; la realidad es siempre mucho menos pintoresca que la idea, pero -quiérase o no- es la realidad.
Toda mujer que quiera acercarse a este tipo tan interesante de poder tendrá que empezar por aprender a entender que no todo lo que la sociedad dice es verdad, y esto es particularmente así cuando hablamos de la mujer. Habrá que conectarse con potencialidades desde hace muchos milenios dormidas, y empezar a entender la vida desde una perspectiva menos violenta y agresiva. La intuición fluye en las mujeres como los ríos por su cause; es necesario hacer un poco de silencio para aprender a escuchar. No todo necesita una respuesta y no todo es susceptible de un “por qué”. La intuición está en el cuerpo; no se puede pensarla, solo cabe aprender a sentirla.
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