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Rituales
Antes de comenzar a hablar de las características esenciales de los rituales de magia negra, queremos desalentar al lector de la idea de ponerlos en práctica. En este tipo de ritual, el practicante busca entrar en contacto con energía que, si bien no tienen nada de violento o destructivo en sí mismas, están siendo invocadas en forma de negación. O sea; en los rituales, todos ellos, sin importar sin son “blancos” o “negros”, el practicante se conecta con las mismas fuerzas trascendentes. La diferencia entre unos y otros está en el propósito de la conexión; en la magia negra los espíritus y energías son contactados con propósitos destructivos y violentos.
Mucha es la gente que se siente curiosamente atraída hacia el místico mundo de la magia negra. Las más de las veces se lo toman como si fuera un juego; no creen que constituya un verdadero poder y, así, practican rituales que no entienden. Pero con este tipo de actividades hay que tener mucho cuidado; se está jugando con energías que, de manera segura, tendrán un efecto en el alma de las personas. No todos (solo muy pocos) tienen la posibilidad de llevar dichas energías a la conciencia, pero en el inconsciente todo queda.
Existen en el mundo una variedad innumerable de antiguos rituales de magia negra. Los procedimientos formales, la vestimenta, la lengua y las palabras a utilizar; cada cosa se combina de forma distinta, de acuerdo a la tradición que se siga. En el presente artículo nos limitaremos a exponer la esencia de algunas de esas tradiciones, con la idea de que el lector, sin llegar a ser capaz de poner en práctica sus conocimientos, pueda saber de que se trata este tipo de actividad.

El ritual de magia negra comparte muchos aspectos con su contraparte de magia blanca. Hablamos aquí de elementos tales como la necesidad de utilizar cierta vestimenta particular, de poner sumo cuidado en cada uno de los movimientos, en pronunciar con mucho cuidado las palabras. La diferencia esencial está, sobre todo, en dos aspectos fundamentales: la simbología y la relación con el elemento fuego. Veamos cada caso.
Mientras la magia blanca no conoce una vinculación más o menos limitada con el mundo de los símbolos, su contraparte negra encuentra en ellos la forma de expresión y adoctrinamiento por excelencia. En los rituales de iniciación a las artes oscuras, los aprendices empiezan por conocer los símbolos propios de su logia. Presenta esos símbolos porque en ellos está oculto el conocimiento de miles de años. Así, los iniciados no aprenden exclusivamente mediante libros de teoría y nada más; cada símbolo guarda un mensaje y cada mensaje enseña un poder. Muchos son los símbolos que esta actividad posee, algunos son bastantes conocidos: la cruz invertida y el número 666 entre otros.

Por lo que hace al elemento fuego, las artes oscuras encuentran en él una energía sumamente particular. Ningún tipo de vida podría existir en la tierra sin las bondades del fuego; así, el fuego tiene la capacidad de crear y destruir la vida. Por otro lado, de todos los cuatro elementos principales (fuego, agua, tierra y aire) el fuego es el más inestable y cambiante de todos. Así, en los rituales de magia negra, el fuego representa el verdadero poder. En este tipo de ceremonia los practicantes se conectan con las capacidades destructivas del fuego y aprenden a dominarlas en la propia conciencia. Se trata de aprender a dirigir el espíritu del fuego en el sentido que el practicante prefiera. Cierto es que también la magia blanca utiliza al fuego en muchos de sus rituales y hechizos, pero lo hace de modo completamente distinto, y con intenciones muy diferentes.
De este modo, los rituales de magia negra tienen por intención aumentar el poder de conexión de sus practicantes. Hablamos de la capacidad de conectarse con energías esenciales que constituyen el sostén de toda le existencia. El aprendizaje de dichas capacidades se realiza mediante la presentación y dilucidación de cierta simbología secreta y, asimismo, de a capacidad de aprender a dominar la energía de los elementos (entre ellos, sobretodo, el fuego).
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