| |
Los números que determinan el destino

Cuando hablamos de “los números y su destino” nos referimos a un número que puede servirle para entenderse mejor a sí mismo y, así, tratar de considerar las posibilidades de su porvenir. Este número es su fecha de nacimiento.
No se confunda. No queremos decir que mediante la consideración de dicha fecha usted puede llegar a saber lo que, sí o sí, le va a pasar. La numerología no entiende el destino como algo unidireccional; de forma contraria, sabe perfectamente que su destino lo hace usted. Pero usted solo puede “hacer” con aquello que tiene y -¡precisamente!- el número que se deriva de su fecha de nacimiento le permite saber mejor qué es aquello que a usted mejor lo caracteriza. Así, desde un mejor conocimiento de sí mismo, usted tendrá la posibilidad de construir un devenir prospero y feliz. Los números de su destino no son dictadores de su futuro, sino aliados de su conciencia.
Conociendo y entendiendo las particularidades que encierra su fecha de nacimiento, usted puede aprender a considerar ciertos aspectos de su conciencia que, quizás, antes no había aprendido a observar. Así como la astrología dice que no es lo mismo nacer bajo el signo de Leo que bajo el otro de Tauro, la numerología dice que no es lo mismo ver la luz del mundo el 15/03/1987 que el 25/06/1995. Nacer es un acto que, así, queda siempre conectado a una determinada cifra; la mayoría de los estudios de la numerología, referidos al destino, suelen partir de ese número tan particular.
Lo que ocurre, en el fondo, es que la fecha de su nacimiento tiene una impronta en la forma en que usted opera con su mente. La razón es una de las dos capacidades cognitivas (la otra es la intuición) y está siempre al servicio de la toma de decisiones. En tanto y cuanto usted decide pensando, piensa con la cabeza y el número de su destino habla de su cabeza, entonces, por propiedad transitiva, el número de su destino se refiere a la toma de decisiones.
Lo cierto es que, incluso, existen muchas personas que se sienten mas identificadas con el número de su nacimiento que con aquél de su nombre. Y está muy bien; es una cuestión personal: cada uno sabe, en su interior, por qué este símbolo lo representa mejor que otro. Algunos optan por la astrología, otros por el antiguo Kabala, o por el I ching… En fin; hay libertad absoluta para sentir lo que se quiera.
Eso no quiere decir que, si uno va a proceder con un estudio serio en numerología, haya que desdeñar el número referido al nombre. Por mucho que cada cual se sienta mejor representado por determinado símbolo, al momento de estudiar es fundamental incorporar la totalidad de los símbolos. Esto que decimos vale para la totalidad de las disciplinas. Los signos y símbolos son tributarios unos de otros y solo cuando están en unión son capaces de sacar a la luz los aspectos más oscuros de la conciencia de una persona. Se puede tener una preferencia, pero eso nunca debe implicar la falta de atención hacia aquello que nos parece menos importante. De hecho, la experiencia muestra que muchas veces las cosas se esconden allí donde menos nos gusta ver.
Sea como fuere, lo fundamental es entender la numerología como una herramienta de progreso personal. Nadie puede decirle “qué es lo que le va a pasar” porque en dicha respuesta entran variables que ninguna disciplina puede manejar (científica o no). Sin embrago, sí es cierto que cuanto mejor se conozca a sí mismo más posibilidades de ser feliz tendrá. De eso se trata, precisamente, este artículo; nada más, pero nada menos.
|
|