Copas
Al momento de hablar del palo de las copas, queremos aclarar que el presente análisis ha de considerarse como una sugerencia general.
El significado primigenio de este palo de los arcanos menores está representado, básicamente, por el as. Hablamos de la necesidad de saber fusionar lo espiritual con lo material. Para mucha gente la copa viene a representar, en cierto sentido, a la burguesía, mientras que para otros, por el contrario, es símbolo de divinidad y cristianismo (el santo grial). Pues bien; en realidad se trata de ambas cosas a la vez: hace referencia a la necesidad de tener el alma en el cuerpo. Nunca puede haber sabiduría en la perdida abstracción de ideas que no se concatenan con la realidad, pero si solo nos quedamos en la carne, entonces somos los prisioneros de El diablo.
El número dos de este palo hace referencia a la amistad. No se puede ir por la vida sin tener ningún tipo de amigo. Es una carta particularmente relacionada con El ermitaño. Su aparición esta haciendo una clarísima referencia a la importancia que los amigos tiene en el camino de la sabiduría y la felicidad; ¿con quien compartiremos aquello que consigamos, quiénes nos ayudaran a conseguirlo? La amistad es la relación humana más sólida de todas. Mientras en la pareja el hombre y la mujer pueden entrar, muy fácilmente, en el conflicto de representar esencias opuestas, los amigos se mantiene cohesionados y unidos; se ayudan mutuamente.
La tercera de las cartas de copas alude a la ligereza de espíritu. Vamos por la vida despreocupados y festivos. No queremos entrar en la eterna discusión propia de aquellos que, por un lado, piensan que es mejor vivir sin pensar demasiado y los que, por el otro, prefieren opinar a favor de las precauciones; es evidente que nosotros preferimos ubicarnos en algún lugar cerca del medio. Sea como fuere esta carta nos trae felicidades y relajos.
Número cuatro: En el mazo Rider vemos a un joven que, sentado a la sombra de un árbol, desprestigia, testarudamente, un regalo que le trae el cielo. Este arcano menor hace referencia a la incapacidad de recibir cosas del prójimo. Suele aplicarse a gente que se siente muy culpable; dicha gente no se siente lo suficientemente bien consigo misma como para poder recibir algo de los demás.
El cinco de copas es una carta que se refiera a la tristeza. Con la tristeza, en realidad, no hay mucho que hacer. La tristeza nunca es, en el fondo, un problema. Si realmente se tiene que estar triste, entonces no queda otra alternativa más que estarlo. Pero así como llega, la tristeza también se va. No existe tristeza que dure para siempre. A diferencia del miedo, la tristeza está relacionada con el aprendizaje y el camino de la sabiduría; el miedo no nos conduce a ninguna parte, la tristeza, por mucho que nos duela, a la larga significará luz y paz.
Seis: Es una carta relacionada con la infancia. Muchos son los filósofos que han relacionado la sabiduría con la actitud de los niños. Los más pequeños suelen ir por el mundo librados a un envidiable espíritu de espontaneidad que, después, cuando se alcanza la madures, resulta particularmente difícil llegar a mantener. Así, este arcano menor nos habla de aprender a mirar las cosas con “ojos de niño”. No todo lo que existe necesita de una buena explicación; aprendamos a recibir las cosas como son.
El siete de copas está relacionado con los sueños y las ilusiones. En la vida es necesario tener aspiraciones propias. “Al que no va a ningún lado cualquier viento le viene bien”, dice la voz popular. Pero es mucho mejor arriesgarse a que nos toque un a tormenta en el camino de nuestros que sueños, que navegar siempre seguros en las aburridos mares de la cobardía. Tener sueños propios implica mucho coraje.
Ocho: Es necesario seguir adelante. Ya hemos sabido encontrar algo, pero en el camino todavía nos espera mucho más. Se trata de no dormirse en los laureles. La verdadera búsqueda es larga y, acaso, tediosa, pero solo aquellos que continúan podrán disfrutar de la felicidad duradera. Y se trata, en realidad, precisamente de eso; no de un bienestar pasajero, al que toda persona, alguna vez en la vida, puede llegar a aspirar; buscamos una iluminación, o sea, lo posibilidad de ampliar nuestra conciencia más allá de los limites conocidos.
En este palo, el nueve está relacionado con el fracaso de lo que escribimos al referirnos al número ocho. En cambio de seguir adelante nos sentamos sobre lo poco que hemos conseguido. Nos olvidamos de que ese tipo de felicidad no es, en realidad, tal cosa. Nos hemos transformado en gente arrogante, que piensa que lo que tiene es todo lo que, en realidad, se puede tener. Esa actitud conlleva a un sufrimiento ciento por ciento seguro; soledad y violencia espera a las almas castigadas por la convicción de que lo que ellas tienen es lo mejor del mundo.
Diez: Alusión al agradecimiento y la felicidad. Si somos felices habrá que saber valorar las ayudas que a lo largo del camino nos han ayudado a conseguirlo. El merito es, indudablemente, nuestro, pero nada puede conseguirse en soledad absoluta.
La sota de copas representa a la gente que se toma la vida como si fuera teatro. Hablamos de personas que están siempre dispuestas a tratar de sorprender al prójimo; se preocupan muchísimo por lo que la sociedad piensa de ellas.
El caballo: Es el amigo que siempre nos trae una mano. Es una carta particularmente relacionada con El ermitaño.
La reina: Está perdida en sus propios sentimientos. Piensa que el mundo ha de ser siempre como ella lo desee; se ha olvidado de mirar la alteridad. Es verdad que nosotros debemos ser, siempre, los creadores de nuestra realidad; pero una cosa es crear y otra cosa es delirar.
El rey de copas: Este pobre soberano está demasiado sobrecargado. La única manera de superar su estrés será dejarse llevar por la aventura que representa el mar agitado que lo rodea.
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