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El loco
Con el triunfo El loco llegamos al final del gran camino de los arcanos mayores. El loco representa la libertad total, en tanto la sabiduría y la iluminación definitiva. Para él cada cosa está en su sitio; es lo que es, ya no forcejea tensamente con la existencia.
Esta carta viene a simbolizar, en cierto sentido, la victoria definitiva del individuo sobre la sociedad. Ya lo dijimos antes: la sociedad es, en el fondo, enemiga de la individualidad; ella necesita que las personas se amolden obedientemente a sus ideas y concepciones. Pero este arcano mayor se ha dado cuenta de que la única forma de ser feliz en la vida, es creando a cada momento y a cada paso. De nada sirve acuñar, como propias y buenas, ideas que no nos pertenecen. El loco se ríe de todo, y, lo más importante, se ríe también de sí mismo.
Las cosas dejan de verse dramatizadas. Ya no andamos por ahí maximizando cada una de las cosas que vemos; cada cosa tiene su propio tamaño, y El loco es capaz de ver a cada una como es. Sus ideas no son una forzada distorsión de la realidad; tiene las ideas justas.
En él, residen, de hecho (en tanto el número que lo representa es el cero), todos y cada uno de los otros arcanos mayores:
El mago aparece en él como la creatividad; capaz de cohesionar las esencias opuestas de la existencia. La papisa ya no tiene nada que preguntar, y entonces se limita a acompañar cada uno de los pasos de esta alma liberada. La emperatriz respira en él plenamente, y también lo hace El emperador; la oposición de los sexos ya no es un problema. Los enamorados se han fusionado impecablemente; el alma de El loco está enamorada de todas las cosas, todas las cosas están enamoradas del alma de El loco. El carro puede ir y venir a su gusto; no tiene miedo, sabe que si se cae se puede volver a levantarse. La justicia es plena; El loco está mucho más allá del bien y el mal, en él las cosas se reconocen a sí mismas. El ermitaño está perfectamente acompañado; es uno y es todo, como no está haciendo nada en particular, entonces, tampoco hay nada que esté dejando de hacer. La rueda de la fortuna yo no es un problema; gira y gira, pero en ella ya no hay grandes misterios. La fuerza es total, y El loco es capaz de concentrarla allí donde mejor la necesita. El colgado sonríe en el alma de nuestro arcano; él sabe que El loco ya estuvo allí, y también sabe que, en cierto sentido, siempre sabrá estarlo.
La muerte pasa; todo es muerte y todo es vida, ya no hay miedo al cambio. La templaza ama este triunfo como a ningún otro; él es la encarnación de sus bellísimas enseñanzas. Es El loco quien ha encadenado a El diablo, no al revés. En este arcano de sabiduría ya nunca existirá La torre; la rigidez es una ilusión: la vida no necesita explicaciones. Las estrellas brillan en el cielo; no son ni más ni menos importantes que el oscuro fondo sobre el que El loco las ve brillar. La luna y El sol echan sus luces por doquier; el intelecto ya no es amigo de la intuición, se acabó el melodrama entre el científico y el místico. El loco ha renunciado a El mundo; ya no está sujeto a ninguna cosa. El loco está completamente loco.
 El tarot, nunca nos cansaremos de decirlo, es, en realidad, un camino de auto-conocimiento. La verdadera sabiduría está allí donde brilla, plena y libre, la luz de nuestra conciencia. Somos los creadores de nuestra vida; los amos y señores de la existencia. “¿Por qué tienen tanto miedo”?, nos pregunta, amorosa y respetuosamente, El loco”. “Tienen miedo porque sus ideas son más grandes que las cosas a las que esas ideas se refieren; son como el Quijote: ven gigantes donde solo se mueven molinos”. He ahí la respuesta justa.
Como dijo el genial físico alemán Albert Einstein: “Hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, eso [al fin y al cabo, en verdad] es lo que se llama locura. Esa bellísima frase se aplica perfectamente a nosotros, a los seres humanos, no a El loco. La locura de este arcano es, entonces, en oposición a la supuesta cordura de lo sociedad, un estado de perfecta salud.
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