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El Papa

el papa

 

El papa es el arcano mayor cuyo simbolismo más relevante es el de representar los aspectos más benignos de la energía masculina y paternal. Es el gran guía, el gran consejero, aquél que siempre encontrará la capacidad de brindarnos una ayuda o prestarnos un buen consejo; es el “Gran sacerdote” del templo del conocimiento.

A diferencia de El emperador, que como ya hemos visto representa los aspectos más paradigmáticos y extremos de la esencia masculina, El papa conlleva en sí aspectos sumamente diferentes; referidos a la compañía y el consejo antes que a la severidad y el adoctrinamiento forzado.

Nadie podrá negar que este arcano mayor es una carta de claro corte masculino, pero nosotros nos atreveremos a decir que guarda en sí, asimismo, algo de corte claramente femenino, en tanto su intención está fuertemente relacionada con la idea de “hacer crecer”, intención siempre relacionada a la idea de fertilidad femenina.

Sea como fuese, El papa siempre estará ahí para traernos cierta forma de consuelo. Su ayuda tendrá siempre la forma de una especie de “pista”; será, por decirlo de algún modo, un decir iluminado que pueda ayudarnos a encontrar el principio de la solución a nuestros problemas.

Ocurre que, en realidad, este paternal arcano nos conoce mucho -muchísimo- mejor de lo que nosotros nos conocemos a nosotros mismos. Es el “Gran sacerdote” del templo de nuestra alma; alguien que sabe dónde pueden estar las llaves que abren las puertas del alivio y el bienestar.el sumo sacerdote

A diferencia de La papisa, El papa no tenderá a venirnos con rebuscadas y oscuras preguntas para hacernos concientes de aquello que en verdad nos aqueja; se presentará a nosotros (aunque, como siempre, existen excepciones) de forma clara y evidente. Será como uno de esos bellos rayos de sol, que de golpe nos hacen conscientes de algo hermoso, antes que como una de esas noches de luna llena (haciendo referencia a La papisa), donde todo queda bañado por una misteriosa bruma color plata.

La aparición de esta carta suele hacer referencia a la necesidad de buscar alguna ayuda, algún guía que sepa aconsejarnos por dónde continuar el camino. No todos los problemas son susceptibles de una solución en soledad. Muchas veces necesitamos de alguien (más allá de las cartas) que sea capaz de escucharnos y darnos una opinión.carta de tarot

Cuando este arcano tiene cierta tendencia a aparecer invertido, puede estar haciendo un llamado de atención; puede estar diciendo que nos equivocamos en el sentido de tener una actitud cerrada frente a la opinión del prójimo.

De hecho, ésta carta suele estar relacionada con la idea de mediación y diplomacia. Hace referencia a la necesidad de aprender a discernir aquellas cosas que el mundo exterior (la gente que nos rodea) nos dice. Cierto es que no todo cuanto el prójimo nos diga será ciento por ciento cierto, pero tampoco se puede ir por la vida creyendo que la sistemática desatención de las opiniones ajenas constituye la salida a las”malas influencias”. Discernimiento, esa es la verdadera clave.

Así como en la iglesia católica el papa es el medidor entre los hombres y Dios, así, igual, El papa ha de ser el mediador entre la persona y su contexto; diremos incluso más: entre la persona y ella misma.

Porque ya lo dijimos antes: este arcano nos conoce perfectamente bien, y sabe, entonces, que nuestros problemas son, las más de las veces, algún tipo de disputa interna, provocada fundamentalmente por el miedo.

El papa constituye, de hecho, cuando de reflexionar sobre problemas relacionados al miedo se trata, una de las cartas más interesantes. Lo primero que hay que saber (y aquí no es tanta la diferencia con La papisa) es que el miedo siempre suele ser, en realidad, miedo a uno mismo; a las cosas que llevamos dentro. Luego vendrá la necesidad de perderle el miedo al prójimo.

Sigamos, entonces, el consejo de esta bellísimo arcano; bajemos la guardia y aprendamos, primero, a escucharnos a nosotros mismos, y, después, pero nunca menos importante, a escuchar al prójimo. Siempre habrá tiempo para discernir, luego, una vez que se cuente con todos lo elementos necesarios, qué es lo que conviene y qué es lo que no. Ha llegado el momento de bajar la guardia y ponerse a pensar, de mirar cuanto nos rodea y conocerlo mejor; ha llegado el momento -por decirlo de forma clara y sencilla- de abandonar definitivamente nuestros miedos.

 
 
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