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La luna
El arcano mayor La luna viene a representar, a la perfección, aquella forma de conocimiento, distinta de lo racional, de que hablamos al analizar a La emperatriz; nos referimos al inmenso poder de la intuición humana.
El sentido común suele vincular la idea de conocimiento intuitivo con el género femenino, y aquí, a diferencia de lo que suele pasar no pocas veces, la opinión popular no llega a estar del todo equivocada.
No se trata de que la intuición sea un patrimonio exclusivo de la mujer. Como ya dijimos anteriormente; no hay existencia de una sola esencia: a la vez que todo hombre tiene una parte femenina (que, a veces, pede ser incluso más influyente que su parte masculina), toda mujer tiene, asimismo, su parte masculina (Ídem que con el hombre pero, obviamente, al revés). Pero sí es verdad que la intuición es la forma de conocimiento relacionada con el aspecto femenino de la humanidad; no en vano escuchamos pronunciar repetidamente la expresión “intuición femenina”.
Imaginemos una noche de luna llena. ¿No es verdad que su luz plateada parece envolverlo todo en una atmósfera especial, que, de algún modo, coloca una duda a las ideas que nos hacemos de las cosas? Nuestra impresión de tal o cual cosa podrá cambiar considerablemente según el hecho de que la contemplemos a la luz del sol o a la luz de la luna.
Pues bien; mientras el sol está claramente relacionado con la idea de conocimiento racional y lógico, donde cada una de las partes que comprende el objeto analizado puede ser concebida individualmente, la luna, por el contrario, hacer referencia a un conocimiento instintivo; a una especie de decir del alma, que parece venir de la nada; como si de golpe tuviéramos la sensación de que sabemos algo que, en realidad, en el fondo, no podemos expresar.
Mientras la sociedad actual ha reivindicado inmensamente la forma de conocimiento masculina (como ser la ciencia por ejemplo), ha puesto en tela de juicio la forma intuitiva de conocimiento femenino. Aquí el problema viene a ser, por supuesto, el mismo de siempre: la falta de equilibrio entre dos extremos dados.
La humanidad (nuca nos cansaremos de decirlo), quiere pensar que si en la vida se elige determinada cosa eso implica, definitivamente, la eliminación inmediata de su opuesta. Así, quien prefiere explicar las cosas desde una perspectiva masculina y racional, tiende, muchas veces, a despotricar contra las bondades del conocimiento intuitivo relacionado a lo femenino. Pero ¿por qué? ¿Por qué se empecina la gente en llevar las cosas hasta los más antinaturales extremos? Si: antinaturales dijimos. ¿Podría, acaso, haber naturaleza si los extremos no pudieran fusionarse para crear una unidad? Cierto que el sol siempre será sol y La luna siempre será luna, pero la creación de un día siempre necesitará de su pacífica fusión.
No se trata entonces, tampoco, de negar de ahora en más el conocimiento científico y racional, todo lo contrario; habrá que aprender a reconocer tanto la parte masculina como la parte femenina. Además, por otro lado, así como el hombre y la mujer no han sido concebidos para hacer lo mismo, tampoco la intuición y el raciocinio vienen a servir a los mimos propósitos; La luna sabrá echar luces allí donde no pueda brillar el sol, y luego el sol será bueno para iluminar lo que no puede verse al brillo de la luna. Una y otra cosa servirán para aspectos distinto de le vida. Solo aquel que sea capaz de fusionarlos podrá alcanzar la sabiduría y, con ella, la paz y la felicidad duradera.
La aparición repetida de esta carta puede estar haciendo referencia a la necesidad de enfocar los sentidos de dirección a determinado problema que estamos queriendo resolver inadecuadamente por medio de un procedimiento lógico y pensado. No todas las preguntas son susceptibles de recibir una respuesta a forma de ley definitiva; conocer no significa alcanzar un estado de inmóvil seguridad al respecto de las cosas. Todo lo contrario; lo más bellos de la forma de conocimiento intuitiva es que, en el fondo, se caracteriza por una capacidad dinámica que no tiene eco en su contraparte masculina. Mientras el conocimiento racional avanza a paso de tortuga (porque necesita aislar y considerar mil variables distintas), el otro intuitivo anda como la brisa, porque es un sentimiento antes que un pensamiento.
Apliquemos la racional a lo racional y lo intuitivo a lo intuitivo; a cada forma de conocimiento a de corresponderle una parte distinta de la experiencia de vivir. Dejemos que La luna nos regale sus brillos de noche, permitamos que el sol nos traiga -con su presencia- el día.
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