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La torre

La torre viene a ser aquél de los arcanos mayores que representa, con claridad absoluta, la idea de fracaso y sufrimiento. De lo que se trata, en realidad, es de la derrota definitiva de la conciencia en su permanente tensión contra el miedo y la negación.

Yo lo dijimos antes (al hablar del carro por ejemplo); el miedo es la enemigo por excelencia de todo aquello que en el la vida significa paz, bienestar y felicidad. Se trata de la negación absoluta de nuestras capacidades; nos abandonamos a nosotros mismos para venir a abrazar una mentira.

Los seres humanos nos vemos cotidianamente expuestos a la interacción con un contexto. Desde el momento en que nacemos hasta el momento en que exhalamos nuestro último aire estamos rodeados de ideas y opiniones, de juicios de valor y de explicaciones; todo eso viene a entrar en juego permanente con nuestro propio ser, con nuestra individualidad. Pero ¿quiénes somos nosotros mismo?, es la verdadera pregunta. ¿Podemos ser, acaso, lo que el mundo no dice que seamos?, ¿queremos ser lo que el mundo nos pide? El sufrimiento y la destrucción masiva que pueden contemplarse en la carta La torre vienen a significar, precisamente, la absoluta de incapacidad de dar una buena respuesta a la primera de aquellas tres preguntas; incapacidad que viene por arrastre de no saber que responder a las otras dos. En La torre ya nadie sabe quién es, y entonces es como si no fuera: en La torre perdemos nuestra conciencia y, con ella, nos perdemos definitivamente a nosotros mismos.


la torreNo queremos decir, con esto, que la aparición de la carta La torre venga a significar para el consultante la perdición definitiva en un mundo de penurias y sufrimientos, pero si es cierto que esa carta hace referencia a una clarísima situación de malestar, situación que de querer realmente cambiarse (existe mucha gente infeliz que en el fondo no está dispuesta a cambiar) deberá conllevar a una profunda y compenetrada autorreflexión.

Preguntamos: ¿Cuál es, filosóficamente hablando, la forma de cambiar una vida de sufrimientos por otra de paz y bienestar? Pues bien, la respuesta es la siguiente: Haciendo crecer nuestra conciencia e imponiéndonos así, definitivamente, a la negación que implican siempre nuestros miedos. OK, pero como se hace eso; ¿cómo se logra expandir la conciencia

Lo primero que habrá que saber es que cuando decimos conciencia hablamos, en primerísima instancia, de la auto-conciencia, que es la conciencia que cada una de las personas tiene de sí misma, y solo después, la entendemos como conciencia de lo demás, conciencia de la alteridad. El que no sabe quién es nunca podrá saber quienes son en realidad los demás. Así, la conciencia viene a ser, en realidad, primera y más importante, la idea que nosotros tenemos de nosotros mismos, y luego, segundo, a partir de ello, la idea que nosotros tenemos de los demás.

Ahora bien; préstese muchísima atención a lo que vamos a decir: Es evidente, en pos de todo lo dicho, que el ser humano no puede evitar el hecho de tener ideas (conciencia); esa es en realidad su naturaleza y esencia; un ser humano que reniega de esto es alguien que reniega, en el fondo, de su mismísima humanidad (humanidad a la que, por mucho que quiera, nunca podrá renunciar). El problema no está en el hecho de tener ideas, el problema está, sí, evidentemente, en el hecho de tener malas ideas.

No se trata de una cuestión de imposiciones; esa concepción que dice que lo que es buena idea de uno a de ser, necesariamente, buena idea de todos. En el mundo de la conciencia y de las ideas cada quien debe saber encontrarse a sí mismo.

tarot marsellaPero ¿qué es, entonces, en el fondo, lo que diferencia a una buena idea (una conciencia fuerte y plena) de otra mala (una conciencia ciega y sufriente)? La respuesta es muy sencilla: Mientras una buena idea encuentra, siempre, una prolongación en el plano de la experiencia y la realidad, una mala idea se queda elevada (perdida) en las abstracciones intangibles del entendimiento. O sea, para decirlo mejor y más claro: mientras una buena idea siempre tiene poder efectivo sobre la realidad, la mala idea no es más que palabrería barata e insignificante. Y en el mundo de la ideas nunca -¡¡¡jamás de los jamases!!!- existe idea más importante e influyente que la idea que cada quien tiene de sí mismo.

la torre egipcioSi lo que nosotros pensamos y decimos de nosotros mismos (o sea nuestra conciencia) es cierto y concreto, entonces nuestra conciencia es plena y poderosa; pero si, por el contrario, lo que nosotros predicamos no tiene nada que ver con lo que realmente somos, entonces nuestra conciencia es una mentira. Conocer es la calve de la felicidad; no hay nada más importante que conocerse a sí mismo; conocerse a si mismo es llegar a tener buenas ideas de sí mismo; ideas que se correlacionen y fusionen pacíficamente con la realidad y la experiencia.

La torre no es más que el sufrimiento y la perdición de los mentirosos: aquellos que hablan por hablar, aquellos que juzgan al prójimo sin nunca detenerse en sí mismos; aquellos que, en realidad, en el fondo, no saben lo que realmente son. No siempre se puede ser lo que el mundo nos pide que seamos; existen muchas ideas falsas dando vueltas por ahí: ser uno mismo es más importante -¡¡¡mucho más importante!!!- que hacer el bien.

 
 

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