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La influencia de la numerologia en el tarot
Con el presente artículo nos disponemos a abordar el importante tema de la interrelación existente entre la numerología y el Tarot. Se trata, en realidad, de aprender a entender cómo es que los números de cada uno de los triunfos vienen a enriquecer la simbología y, entonces, el efecto que la carta tiene en la conciencia del consultante. Tratándose de un tema tan amplio aquí solo podremos hacer mención a los aspectos fundamentales; expondremos los arcanos mayores que, según nuestro personal parecer, guardan un mensaje importante en los números que los identifican.
El loco:
Como cualquier indiciado en el Tarot ha de saber, el número de El loco es nada más ni nada menos que el cero. Se trata, entonces, del vacío absoluto; de la nada misma. No es un número, es la falta de números; no es un significado, es la falta de significados. Esto es así porque en El loco no importa la existencia. Aquél arcano representa el Ser y, como tal, es la esencia absoluta de todo cuanto está y se corrobora en la experiencia; pero está más allá de la experiencia. Todo cuanto existe es (y como decía Parmenides: “no se puede no ser”), pero no todo cuanto es existe. Tomemos por ejemplo los unicornios; no existen, pero son unicornios. Es absolutamente imposible, en la brevedad de un artículo como este, tratar de abordar inteligiblemente la cuestión de El loco y el significado de su número. Digamos que es el ser; digamos, entonces, que no es nada y es todo.
El mago:
El número del mago es el uno. Aunque muchas tradiciones de interpretación del Tarot encuentran en El mago la representación de la conciencia y la esencia masculina, nosotros tenemos una posición diferente. Creemos que el mago es el Gran Creador del juego de la vida (y, entonces, del juego del Tarot). Ese uno, que aquél arcano ostenta tan gallardamente, es el principio de la existencia. El mago toma el Ser (El loco, el cero) y lo hace existir. El mago tampoco existe; es el que crea la posibilidad de existir. No existe porque no está escindido; él es el creador de la escisión que posibilita la existencia. Noche y día, bien y mal, hombre y mujer: la vida humana es la interrelación de opuestos y El mago, en tanto la unidad, es el que crea la existencia.
La suma sacerdotisa:
Lleva el número dos. Es la primera carta que deviene luego de la creación de El mago y, por lo tanto, el primer triunfo en el cual hay existencia plena. Es evidente; el número dos representa, justamente, la escisión que define la existencia. Así, la suma sacerdotisa es el paradigma de la existencia. Esto se ve muy claramente, por ejemplo, en la versión del mazo Rider, en los dos pilares (Boaz y Jakin) que están a cada lado. También puede apreciarse esta escisión fundamental en el número 2.
El mundo:
Lleva el número 21 y es el último triunfo del Tarot. Como puede apreciarse desde la información que nos otorga el número, en este arcano final se reúnen El mago y La suma sacerdotisa; o sea: el creador y la creación. Luego de esta reunión ya no quedan cartas porque, obviamente, ya no queda existencia; solo cabe volver al cero, volver al loco, al vacío, a la nada y el todo.
Así, partiendo desde lo anteriormente dicho, el camino de Tarot es el que lleva a la reunión del número uno y el número dos. Se trata de aprender a encontrar igualdad en la diferencia. El mago es el creador de la diferencia (véanse sus brazos en la versión Rider) y La suma sacerdotisa es la representación de esa diferencia.
La necesidad de fusionar las dicotomías en que el ser se divide para poder existir ha sido desde siempre al fin de la mayoría de las religiones, filosofías y disciplinas ocultas. Desde la perspectiva de la numerología y el Tarot, ese fin supremo queda entendido en la fusión de la dicotomía y la unidad. Se trata de una fusión que a la luz del entendimiento lógico suena a contradicción; ¡y si!: pareciera ser que la verdad es una contradicción. Porque más allá de la existencia está el Ser, y en el ser todo “coexiste”: el bien y el mal, el hombre y la mujer, la noche y el día. Allí los opuestos se abrazan y, entonces, no se excluye el uno al otro.
Somos concientes de que la forma de expresarnos ha sido, en el presente artículo, un tanto compleja e indefinida, pero lo cierto es que no sabríamos hacerlo de otra forma. Tenemos la sensación de aquél que realmente se empape de lo que hemos dicho (cosa que para algunos será más fácil y para otros más difícil) encontrará poderosas herramientas a la hora de solucionar inquietudes metafísicas fundamentales. No es nuestra intención desalentar el estudio del Tarot y la numerología, todo lo contrario; solo queremos que el lector aprecie lo profundo que este tipo de conocimiento, según nosotros, cava en la conciencia que la humanidad tiene a partir del echo de estar viva.
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