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Introducción para una correcta tirada de tarot:
Una de las características más bellas que tiene el Tarot es que en él, y a diferencia de otras formas de conocimiento, la rigidez es una elección antes que una obligación. Por mucho que los “expertos” puedan teorizar y escribir libros al respecto de los arcanos y las tiradas de Tarot, lo esencial es nunca olvidar que se trata de una disciplina en la que cada persona es libre de “ver” y sentir lo que quiera (y pueda). Cierto es que un estudio de la simbología de cada arcano puede significar una posibilidad de mejor comprensión, cierto también que saber de las tiradas más clásicas puede dar una idea en el sentido de los procedimientos. Pero el que práctica el Tarot nunca debe quedarse agarrado de lo que dicen los libros. Se trata, antes que de una experiencia racional, de una experiencia integradora. Sentir; esa es la idea.
De modo que, en realidad, cada practicante puede -y debe- encontrar su propia de forma de tirar las cartas. De nada servirá, a nadie, que el aprendiz se atenga a reglas y formulas que él mismo no llega a vivenciar dentro de sí. Acaso ocurra que se prefieran procedimientos distintos a los clásicos; que la tirada de tres, siete o diez arcanos no nos resulte cómoda. Si ese fuera el caso (y lo es en muchísimas oportunidades) el aprendiz tendrá que sacrificar la tradición en busca de sus propias formas. Eso es, precisamente, lo que hace del Tarot una forma de conocimiento particular; cada individuo se relaciona con él de forma especial y única. Esto no quiere decir que no se necesite un estudio de los arcanos, pero dicho estudio debe estar siempre guiado por la propia conciencia. Tirar las cartas no es, ni más ni menos, que consultar a las cartas; y siendo que todos somos diferentes, ¿por qué habríamos de preguntar igual? De modo que alentamos al aprendiz a (si bien leer sobre las tiradas clásicas le puede servir de provecho) enfrentarse a las cartas por sí miso y a tratar de encontrar un modo propio de relacionar su conciencia con ellas. Este decir hace alusión, ni más ni menos, que a la eterna diferencia entre la práctica y la teoría, entre lo que dicen los libros y lo que realmente siente la gente.
Sin embrago, mucha gente se pregunta: “¿Cómo sé si las tirada de Tarot que yo practico es buenas?” La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: si al ver las cartas sentimos su mensaje en nuestra conciencia, entonces la tirada funciona. Se trata, en realidad, de conectarse con las cartas de modo completo. En una cultura donde la lógica y la razón son las formas cognitivas por excelencia, este es uno de los pasos que más le cuesta a la gente que por primera vez se acerca al Tarot. Acaso esa gente (los iniciados) lee libros y estudia lo que dicen los autores, pero luego, cuando tienen que enfrentarse a las cartas, encuentran que dichas formulas no les sirven; que cuando ven las cartas solo se dignan a repetir lo que antes leyeron en el libro. En el Tarot como en la vida; si no se tiene una interpretación propia, iluminada a los brillos de la propia conciencia, entonces no se tiene nada.

Aprender esto que aquí decimos es fundamental en el camino de relacionarse efectivamente con las cartas del Tarot. La cultura en la que la mayoría de los occidentales vivimos (que, tras muchos siglos de expansiones y violencia, ha llegado a ser la cultura hegemónica) entiende que el conocimiento es, en realidad, una capacidad de interrelacionar pensamientos. Así, siguiendo esa línea, el occidental cree que saber es explicar con palabras, y cuando esas palabras aparecen a la luz ya nada puede borrarlas. Pero ¿cuántas veces en nuestra vida tenemos la sensación de que antes sabíamos cosas que ahora ya no sabemos más? La experiencia de la vida está mucho más allá de los rígidos muros que impone la razón. Y nos atrevemos a decir que la sociedad occidental ha transformado la razón en uno de sus males. Fanatizada con la idea de que, mediante su uso, pude dilucidar todos los enigmas, la ha exaltado al punto tal de sentir por ella un verdadero fanatismo. Dicho sentimiento extremo queda expresado en la actitud de, por ejemplo, los fanáticos de la ciencia, que de manera violenta desprestigian cualquier otra forma de conocimiento. No queremos decir con esto que en el camino del conocimiento la razón no juegue una muy importante parte (¡para nada!) solo decimos que la razón es una de las dos mitades que, fusionada con la otra, permite conocer.

¿Y cuál es esa otra “mitad” de que se hace el conocimiento? La otra mitad es opuesta a la razón: la intuición. Pensar la intuición e intuir el pensamiento; eso es lo que nosotros entendemos por conocimiento. Esa es, nos parece, la regla de oro. Cuando el aprendiz tire las cartas de Tarot debe tratar de intuir y razonar, pero ambas cosas juntas y fusionadas. Se trata de encontrar el equilibrio. Más allá de esto que decimos, no existe manera de que nosotros podamos enseñar cómo se encuentra dicho equilibrio. Cada individuo tiene que hacer su propio camino; encontrarse a sí mismo, no solo en las tiradas de Tarot, sino también, en la experiencia de la vida.
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